o los Estados Desunidos de España y su Constitución.
Rafael del Barco Carreras
Autor: Rosa Diéz, UPyD
El Pleno del Congreso del pasado día 23 tenía trampa: su verdadero propósito no era convalidar un real decreto, sino anunciar que Zapatero y Rajoy se habían puesto de acuerdo en cambiar la Constitución para garantizar la estabilidad presupuestaria.
La forma me parece una falta de respeto hacia los diputados a los que se nos trata como si fuéramos espectadores de un acto de prestidigitación en el que sólo el mago y su ayudante saben de qué va el juego. Ahora pasemos al fondo.
En primer lugar, para garantizar la estabilidad presupuestaria no hace falta reformar la Constitución ni poner un corsé constitucional a nuestros políticos, dando la impresión -probablemente cierta- de que no son de fiar. Ya hay instrumentos constitucionales para fijar límites al endeudamiento tanto del Estado como de las CCAA; ya hay instrumentos constitucionales para sancionar a aquellas administraciones periféricas que incumplan el límite del déficit o que se endeuden por encima de lo establecido. No hace falta modificar la Carta Magna para gobernar de forma rigurosa, para no gastar por encima de lo que podemos permitirnos.
He escuchado argumentar -lo dijo el presidente y lo dice Rajoy- que esto devolverá la confianza a los mercados. Qué tontería. ¿Quién se va a fiar de los dirigentes de un país que reforman su Constitución en 48 horas, sin debate público, sin pronunciamiento del cuerpo electoral, sin haber llevado la propuesta en ninguno de los programas de gobierno? Si lo cambian en dos días en una dirección, ¿quién nos asegura que no lo harán en la siguiente ventolera en la dirección contraria?
Lo que daremos será una imagen penosa, de frivolidad y poca seriedad, que tendrá consecuencias aún más negativas en nuestra valoración como país; vamos, que pensarán, y con razón, que lo mismo les da so quearre. Y este argumento es de aplicación tanto al PSOE como al PP, porque Rajoy lo planteó en una conferencia, pero ni él ni nadie de su partido hizo nunca esta propuesta en el Congreso.
Insisto en que la reforma que se plantea es innecesaria para lograr el objetivo deseable de estabilidad presupuestaria en el conjunto de las administraciones públicas. Además, y aunque parezca menos importante, éstas no son maneras. Pero si se empeñan, y ya que el día 20 de noviembre estaremos llamados a elegir a nuestros representantes al Congreso y al Senado, póngase otra urna y demos a los ciudadanos la posibilidad de pronunciarse sobre esta reforma que nos dicen Rajoy y Zapatero que es tan necesaria. Dado que no entraría en vigor hasta 2018 (año en el que se prevé que la economía española llegaría a una situación normalque pueda justificar el déficit cero), no hay razón alguna para hacerlo de otra manera.
Si se sigue adelante con esta reforma constitucional, defenderemos que sea votada por el conjunto de los ciudadanos. Al menos así se podrá debatir públicamente sobre las verdaderas razones que tienen quienes la impulsan, se darán argumentos a favor y en contra, se plantearán propuestas alternativas; nos tomaremos en serio lo que supone reformar la Constitución.
Me dijo el presidente en el Pleno que hay que tomarse la reforma de la Constitución de forma natural; a nosotros nos lo va a decir, que llevamos cuatro años defendiendo reformas estructurales tan urgentes como necesarias para redefinir nuestro modelo de país y darle un horizonte de sostenibilidad y progreso. Desde Unión Progreso y Democracia nos lo tomamos de forma tan natural que nos parece que lo natural es hacerlo bien y abordar lo importante, que además es urgente. Por eso plantearemos una vez más en sede parlamentaria la reforma del modelo territorial del Estado, recuperando el Gobierno central algunas competencias imprescindibles para garantizar la competitividad y la cohesión de España y la igualdad de todos los españoles, tales como Educación y Sanidad; o la reforma de la Ley Electoral; o la reforma del Tribunal Constitucional, para conseguir que sea un órgano independiente y deje de estar al servicio de los partidos; o el sistema de elección del fiscal general, para que represente al Estado y no al Gobierno de turno; o la supresión de la primacía masculina en la sucesión de la Corona; o la supresión de las diputaciones provinciales.
La reforma constitucional es imparable. ¿Que es complicada? Claro, por eso hay que abrir el debate de forma natural, sin ningún complejo ni prejuicio. La Constitución no es inmutable, pero merece un respeto; la hicimos entre todos y entre todos la tenemos que cambiar. No debemos permitir que se haga ni por la puerta de atrás (como se ha reformado el modelo territorial a través de los estatutos de autonomía de segunda generación) para dar gusto a los nacionalistas y/o asimilados, ni en un despacho con sillones de cuero para protegernos de unos políticos cuyo juicio no nos merece confianza.
Tomémonos en serio la democracia y pongamos todas las cartas sobre la mesa. Empecemos por evitar que la reforma propuesta sea, además de innecesaria, chapucera: el 20-N, tercera urna. Y abramos sin demora y sin miedo el debate de fondo: el modelo de país para los próximos 30 años. A ver si nos ganamos el sueldo
La idea del fin de ciclo en el Gobierno y en el PSOE es ya un hecho que va tomando cuerpo a medida que se acerca la fecha de las elecciones. Y en ese ambiente se multiplican las dudas entre pesos pesados del Grupo Socialista sobre su vinculación a la estrategia y el proyecto que encabeza Alfredo Pérez Rubalcaba. El último en sumarse ha sido Alfonso Guerra, presente en el Congreso desde 1977, que ahora no tiene nada claro si quiere seguir en las listas. Un discurso muy similar al de José Bono de hace una semana y apenas unas horas después de que Elena Salgado se borrara del proyecto.
El que fuera vicesecretario general del PSOE con Felipe Gonz ález ha precisado que escuchará lo que digan sus compañeros de partido, especialmente los de Sevilla, circunscripción por la que se ha presentado siempre. ·Si los compañeros lo creen necesario, me lo pensaré. Si ven que es el momento de hacer un relevo, con mucho gusto haré un relevo. No lo tenemos claro·, comentaba en los pasillos del Congreso el político histórico dentro del Grupo Socialista, que añadía que él ya “ha hecho la mili” y se ha “reenganchado” muchas veces hasta el punto de ser el político que más años ha sido diputado “en toda la historia del parlamentarismo español. Yo creo que estoy legitimado para decir: 'Oiga, ya no más'. Pero ya veremos·, ha añadido.
Las palabras de Guerra suenan, en música y letra, muy parecidas a las de Bono en su pueblo de Salobre cuando anunciaba hac e unos días que “ya he disfrutado de las mieles” de su vida de diputado y ahora era tiempo “de que las disfruten otros”, pero, como Guerra, añadía que si se lo pedían, se lo pensaría. Es decir, un “no, pero sí” que suena a desconfianza en el proyecto de Rubalcaba o a no verse con la fuerza necesaria para imponer su criterio a la hora de la elaboración de las listas.
Pero si los anuncios de Bono y Guerra han sido ambiguos, la que ha dejado meridianamente claro su “no” al proyecto de Rubalcaba es la actual vicepresidenta económica, Elena Salgado. Su principal, y casi único, asidero dentro del Grupo es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y sabe que su carrera política no tiene sentido con su mentor de vuelta a León. Está agotada por el desgaste que arrastra desde que fue elegida ministra de Adm inistraciones Públicas en abril de 2008, un deterioro multiplicado en la Vicepresidencia. Se ha visto desbordada por la necesidad de tomar decisiones económicas destinadas a evitar el contagio de la crisis que afecta a los países de la zona euro, muchas de ellas insuficientes, y no ha despejado las dudas de los mercados financieros, lo que ha disparado la prima de riesgo española a principios del mes de agosto y ha llevado al abismo al mercado español. Los “brotes verdes” le perseguirán por mucho tiempo
Por todo ello, Salgado comunicó a la dirección del PSOE su intención de no repetir en las listas en las próximas elecciones generales aunque, según fuentes del partido, entre las que se encuentraElena Valenciano, ‘número dos’ en la candidatura por Madrid, seguirá “a disposición de quien la necesite”. Una disposición que recu erda mucho a la de Pedro Solbes, que acabó al final renunciando a su escaño en el Congreso y lamiéndose las heridas de la Vicepresidencia económica en la empresa privada. A él también le pasaron factura sus constantes negativas de la crisis, “sólo hay una recesión”, y acabó quemado en la hoguera de la situación económica y los vaivenes del Gobierno ante la tormenta financiera.
Antes de que sigan produciéndose más declaraciones que ahonden en este sentimiento de fin de ciclo, la responsable de la campaña electoral de Rubalcaba ha preferido hacer públicos los nombres del resto de las actuales ministras con carné. Carme Chacón, Leire Pajín, Trinidad Jiménez y Rosa Aguilar irán en las listas del PSOE al Congreso. Así se evita la tentación de sembrar dudas, sobre todo, en la relación entre Rubalcaba y Chacón, apartada de las primarias sin contemplaciones. Parece ser que de los hombres aún no se ha hablado aunque la directora de campaña ha asegurado que “seguro incluirán en las listas a ministros ya que son importantes miembros del partido”. Será que sobrevuela el fantasma del miedo a una ‘espantada’. Por eso optan por el silencio.