Robó 10,2 millones de euros 

20 años después, el dinero del 'caso Roldán' sigue sin aparecer 

ANTONIO RUBIO Madrid  

Hace 20 años EL MUNDO localizó al huido Luis Roldán, que era buscado por tierra, mar y aire por las Fuerzas de Seguridad del Estado, y publicó una entrevista exclusiva donde el ex director de la Guardia Civil, acusado de malversación de fondos públicos, amenazó a sus ex compañeros del Gobierno y del PSOE con frases del siguiente tenor: «Tengo dos alternativas, o pegarme un tiro o tirar de la manta [...] Cuando digo tirar de la manta lo digo con todas las consecuencias [...] No me van a engañar como a Amedo; si voy a la cárcel, no iré yo sólo [...] Cada palo tendrá que aguantar su vela».

Detrás de aquellas amenazas estaban, entre otros casos, el reparto millonario que la cúpula del Ministerio del Interior hizo de los fondos reservados en su propio beneficio, la guerra sucia contra ETA, el secuestro de terroristas y otros asuntos de las cloacas del Estado. Luis Roldán, desde que en diciembre de 1982 fuera nombrado delegado del Gobierno en Navarra y en octubre de 1986 director general de la Guardia Civil, siempre estuvo en primera línea de acción. 

Días después de la entrevista, el 11 de mayo de 1994, mi ex socio Manuel Cerdán y yo recibimos la visita de Jordi, un abogado y amigo de Barcelona que se presentó como enviado y colaborador de Juan Alberto Belloch, ministro del Interior y Justicia. Y se produjo la siguiente escena:

- He estado con el señorito y delante de mí ha llamado al 'number one' para que diera el visto bueno de lo que os voy a proponer. Felipe ha dicho que adelante y Juan Alberto me ha pedido que esto no salga de aquí. (1)

'He estado con el señorito y delante de mí ha llamado al 'number one' para que diera el visto bueno de lo que os voy a proponer'

En una hoja cuadriculada, escrita con tinta azul, se podían leer las condiciones que «el señorito» y el «number one» ponían a Roldán para que se entregara y cerrara la boca. Eran siete. La primera que «Roldán no puede desvelar los asuntos relacionados con los GAL ni con los fondos reservados». La tercera: «Tendría que pasar unos tres meses en la cárcel». Y la séptima: «La detención se llevará a cabo donde él diga». Después vino la oferta personal:

- Para vosotros, si queréis, hay 12 millones de pesetas (70.000 euros) y podéis estar presentes cuando se entregue. En la entrega estaré yo y dos policías de vuestra confianza.

La respuesta a esa propuesta fue clara, directa y sencilla: 

- Nosotros nos limitaremos a pasarle vuestra oferta cuando podamos contactar con él. Y por lo que respecta al dinero, dile al «señorito» que por menos de 1.000 millones no hablamos. (La ironía y unas risas acompañaron la respuesta para romper la tensión del momento y la situación en la que un gran amigo, militante de izquierdas y auténtico demócrata, te hacía una oferta de esa índole). Tras dejar a Jordi informamos al director, Pedro J. Ramírez, de todos y cada uno de los pormenores de las ofertas del Gobierno, las que hacían referencia al fugado y las personales.

La entrega

La entrega de Luis Roldán se produjo el 27 de febrero de 1995 en el aeropuerto de Bangkok, 10 meses después de que Jordi, el abogado catalán, nos trasladara la propuesta de «el señorito» y el «number one». El intermediario o conseguidor de aquella «entrega controlada» fue Francisco Paesa, espía y colaborador de Interior en los GAL y otros asuntos.

Paesa cobró 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros) por sus gestiones, que, entre otras cosas, consistieron en engañar al propio Luis Roldán, al que convenció de que si se entregaba sólo sería juzgado por dos delitos: cohecho y malversación, tal como había pactado con el ministro de Justicia, Juan Alberto Belloch. El espía también manipuló y falsificó unos documentos laosianos para hacer el paripé de que el ex director de la Guardia Civil había estado refugiado en aquel país asiático durante el tiempo que estuvo huido. 

Finalmente, EL MUNDO descubrió la operación Laos y publicó los documentos que Paesa e Interior falsificaron para engañar a Roldán. El ministro de Interior y Justicia, que en un primer momento vendió la captura del fugado como una gran operación policial, con rueda de prensa incluida, tuvo que rectificar 24 horas después y asumir que «Roldán había sido engañado» y que esos servicios se pagaron con dinero de los fondos reservados. Paesa, además de llevarse 1,8 millones de euros por sus gestiones, se quedó con la mayoría del dinero que Luis Roldán logró sustraer durante su etapa al frente de la Guardia Civil, unos 1.700 millones de pesetas (10,2 millones de euros).

La vida dos décadas después

Hoy, 20 años después de aquel encuentro en París, Roldán (tras cumplir 15 años de cárcel de los 31 a los que fue condenado por el Tribunal Supremo por malversación, cohecho, estafa y falsificación), vive en un modesto piso de Zaragoza, que compraron sus padres y que él pudo salvar en última instancia. Sus ingresos son reducidos, según reconoció a este periódico en los diversos encuentros que ha tenido tanto en Zaragoza como en Madrid. Cobra unos 400 de pensión por sus años cotizados y también recibía una ayuda extra mensual de 600 euros de un ex alto cargo de Interior.


Sus ingresos son reducidos, según reconoció a este periódico en los diversos

Ese ex dirigente político, junto a Paesa, logró colocar en 1994 parte del dinero sustraído por Roldán en el Aresbank de Singapur y poco después se perdió el rastro del botín. El espía y el ex compañero de Roldán se llevaron un millón de dólares de comisión por mover el dinero desde Madrid a la capital tailandesa. 

En 2010, cuando el ex director de la Guardia Civil ya había cumplido su pena, contrajo terceras nupcias con Natasha, una ciudadana rusa que habla castellano, tiene un gran nivel intelectual y era viuda de un alto cargo militar de aquel país. Luis y Natasha, con los que este diario ha tenido más de un encuentro, se conocieron a través de internet, mantuvieron relaciones y contactos en la Red durante dos años y, finalmente, Natasha terminó residiendo en Zaragoza (ver EL MUNDO del 19 de marzo de 2010).

Después de 20 años de aquella entrevista en la habitación 208 de hotel Marignag de París, con un ex director general de la Guardia Civil derrotado, llorando, jugando con la funda de sus gafas y un paquete de pañuelos de papel, sentado en un sofá algo raído, con un cuadro a sus espaldas con multitud de alegorías sobre la muerte, cinco horas de conversación y viéndolo a través del visor de mi Canon New F-1, la incógnita sobre el hombre que llegó a mandar sobre 60.000 guardias civiles sigue siendo la misma: ¿dónde están los 10,2 millones de euros?

Qué fue de Paesa

Uno de los hombres que ayudó a Roldán a evadir esa cantidad, Francisco Paesa, «falleció en Tailandia el 2 de julio de 1998, donde fue incinerado», según la esquela que publicó la familia del presunto difunto en el diario El País el 21 de julio de 1998.

EL MUNDO, convencido de que aquella muerte era una pantomima más de las muchas que había montado el espía y ex embajador de Santo Tomé y Príncipe en Ginebra, rastreó durante seis años su paradero y, finalmente, descubrió que nunca hubo muerte ni incineración, devolviéndole a la vida el 15 de noviembre de 2004.

El titular de la portada de aquel día demostraba y documentaba gráficamente la nueva situación de Paesa: «El muerto está vivo». Y junto a ese titular había una serie de informaciones que profundizaban en el tema: «EL MUNDO descubre a Francisco Paesa, disfrutando del dinero robado por Roldán y de los fondos reservados que le entregó Belloch, en el número 45 del boulevard de la Petrusse de Luxemburgo. Usa un pasaporte argentino a nombre de Francisco Pando Sánchez y comparte oficina con su sobrina Beatriz».

Poco después, este periódico también reveló que el ex colaborador del Ministerio del Interior, tras su huida de Luxemburgo, había fijado su residencia en París y había obtenido un nuevo pasaporte en la embajada española en la capital gala.

Roldán, tras ese último descubrimiento periodístico, se puso en contacto con este diario y se planteó llevar a cabo una denuncia judicial contra su ex socio y ex colaborador. Todo eso ocurrió en diciembre de 2007, y el ex director general de la Guardia Civil manifestó que «ahora que oficialmente Paesa ya está vivo y que tiene un pasaporte español con su auténtica identidad, que devuelva al Estado los 1.700 millones de pesetas que se llevó».

Cruce de acusaciones

Roldán mantenía y mantiene que Paesa, que durante un tiempo fue su amigo y protector, se quedó con todo el dinero: «Nunca me ha devuelto ni un solo euro. Si alguien tiene ese dinero es él, y como la Fiscalía no va a hacer nada para recuperarlo y que recale en las arcas del Estado, pues tendré que hacerlo yo». EL MUNDO, a día de hoy, no tiene constancia de que esa denuncia que anunció Roldán contra Paesa se llevara a cabo.

La última actuación estelar de Paesa tuvo lugar el 9 de octubre de 2011, cuando fue detenido en Sierra Leona, en compañía de su sobrino Alfonso García. Tío y sobrino llegaron al aeropuerto internacional de Lugi en vuelo privado desde Senegal y fueron confundidos con narcotraficantes. Tres días más tarde, se aclaró que lo que tenían entre manos era una operación de compraventa de oro.

El espía y colaborador de Interior, que ya ha cumplido los 78 años, combina su residencia de París con Brasilia y Sao Paulo. En el país latinoamericano, según pudo saber este diario de fuentes de Interior, tiene negocios con empresarios rusos.

Y, mientras tanto, Luis Roldán, con 70 años, sigue en Zaragoza, donde lleva una vida placentera y relajada con su tercera esposa, Natasha. En los tres últimos años ha dedicado parte de su tiempo a cerrar un jugoso contrato con una prestigiosa editorial por sus «confesiones». Lleva tres autores o negros y no sabemos si revelará dónde está y quién tiene los 10,3 millones de euros que salieron de España antes de que pusiera «pies en polvorosa».
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