Listos con “smart” y otras inteligencias

Nuestro idioma de cada día

Sí, estamos listos “listos” con “SMART”. Pero no en el sentido de aptos, alertas, hábiles, sino en el de “fritos”. Es decir, el idioma español sale menoscabado, perjudicado, apocado. Nada más lejos del espíritu del idioma y de la INTELIGENCIA, del sentido común, si se quiere, puesto que “smart” ni siquiera corresponde precisamente a “inteligente”.
Está de moda anteponerlo, como en inglés, a todo dispositivo que sea hábil, flexible, memorioso, ágil, capaz de realizar múltiples y complejas operaciones en fracciones de segundo. Y, ¿cómo es que no le pusieron “smart” a las calculadoras modernas, pequeñas, manuales y capaces de operaciones matemáticas avanzadísimas? Pues muy sencillo: en inglés no se molestaron en recalificarlas.
En España y otros países hispanohablantes cunde el vocablo “SMARTPHONE”, préstamo corriente y moliente con el cual se quiere dar la impresión de que es algo tan novedoso que no hay palabra castellana para denominarlo.
Pero no se trata únicamente de los móviles o teléfonos celulares. El término ya se está contagiando y pasando a electrodomésticos, contadores de electricidad, etc. Ya pronto habrá “smartcars”, o sea vehículos capaces de reconocer a su dueño y adaptarse a su personalidad, rechazando a extraños no “acreditados”.
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Lamento discrepar de las empresas mercantiles, sus traductores y mercadotécnicos, ¿pero a dónde iremos a parar con tan tendencioso rumbo? ¿Los trenes velocísimos serán “high-speed trains” y las casas modernas dotadas de tecnología electrónica “smart houses”? ¿O en todo caso se llamarán “trenes inteligentes”,”casas inteligentes”?
La INTELIGENCIA humana (¿habrá que especificarlo así?) nos dice que solo los seres animados son inteligentes, y no los inanimados. Ello llega a las mascotas —gatos, perros y demás— y otros seres. Pero los artificios creados por el hombre apenas imitan ciertos procesos como la memoria, los cálculos matemáticos y otras operaciones, sobre todo repetitivas. Pero no el razonamiento, la personalidad, la capacidad de descartar y rectificar. Por eso nos frustran las computadoras, incapaces de reflexionar y adaptarse a cambios imprevistos. Es una de las características de la inteligencia: la posibilidad de adaptarse instantáneamente a circunstancias no previstas.
La programación (“software” para los anglómanos) cerebral humana es demasiado compleja para la imitación robótica, aunque algún día habrá que calificar a los robots de “pensantes” (preferible a “inteligentes”). Las creaciones del hombre sólo le superan en determinados aspectos de cierta sencillez.
Pero vayamos a la solución de este tropiezo. Es clarísimo que a los mercantilistas no se les ha ocurrido que para algo están los prefijos, sufijos e infijos que permiten modificar el significado de las voces conforme se desarrollen adelantos, modificaciones de fondo y nuevos modelos que impliquen fundamentales transformaciones.
Concretamente, contamos con los prefijos “súper” e “híper” que resuelven este detalle sin recurrir a extranjerismos. Es decir, que el “smartphone” viene a ser el “SUPERMÓVIL”. Así de sencillo. Recordemos que el mercado superior es “supermercado” y el hombre superlativo es “superhombre”. Además, cabe repetir que la voz “smart” no equivale precisamente a “inteligente”, sino a hábil, flexible, ágil, memorioso, listo.
Quedamos, pues, en que es falta de INTELIGENCIA adoptar un término tan antiespañol como “smartphone” y menos LISTO aún calificar a los adminículos de “INTELIGENTES” cuando está demostrado que, como los mulos, son tan brutos que no entienden ni a patadas.
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