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¿Y quién soy yo para creerme que sé algo sobre cualquier cosa? ¿Y quién soy yo para pensar siquiera más allá de lo preciso sobre todo en general? ¿Quién soy para opinar más allá de una simple forma de entender las cosas, los temas, la vida? ¿Quién soy yo para juzgar nada ni a nadie? ¿Quién narices soy si soy un simple e imperfecto ser humano? Un simple, imperfecto y limitado ser humano que llegué a un lugar llamado tierra sin que nadie me pidiera permiso y ni siquiera nadie me preguntara algo sobre todo. A un lugar llamado tierra donde las circunstancias que menos entiendes ocurren de repente. De repente, porque sí y “apechuga”.  De repente, porque sí, “apechuga” y se ejemplo de bondad aunque sea de cara a los demás. No importa lo que hagas a escondidas, ni el daño que puedas generar sin que los demás se enteren mientras seas bueno entre la gente.  Bueno y respetado. Bueno, respetado y con dinero ya es lo máximo a lo que puedes aspirar siendo como puedas sin ser como quieras, al menos para los demás. Para los demás tienes que ser como esperan que seas y sean cuales sean tus vivencias, tus experiencias o tus desilusiones a lo largo de tu vida. Luego en tu intimidad podrás ser como realmente eres y que eso sólo es importante si se conoce tu intimidad públicamente y no es la intimidad que los demás esperan, pero mientras eso no ocurra el resto importa poco más allá de ser como debes ser entre el resto.
¿Y quién soy yo además para creer convencido que lo que digo o lo que pienso es lo que es? Seguramente, lo que es dependerá de lo que interese a quién convenga que sea de una forma u otra por propio interés y jamás, o en contadas ocasiones, en favor de la verdad absoluta. ¿Quién soy yo incluso para decir nada sobre eso? ¿Quién soy para objetar algo sobre nada? ¡¡Pues hasta ahí podía llegar!!
El que menos esperas te juzga; el que menos imaginas te traiciona; el que menos te conoce te critica; el que ni te conoce pero le han hablado mal de ti te bloquea; el que ni te conoce ni le han hablado de ti pero cuando te ve no le gustan tus maneras, te ignora y no te ignora porque sí, tal vez porque esas maneras que tu tienes las querría para él y por eso no tiene más remedio que ignorarte…aunque a lo mejor tampoco.  El que por delante te habla mal de aquel por esto y por lo otro, a aquel le habla mal de ti por lo otro y por esto y así vamos en esta tierra de todos en la que en realidad nadie puede ser como realmente quiere y no por nada sino por todo.
Fuera de abuelos, tu madre y tu padre, que en su mayoría y bajo excepciones propias de psiquiatra especializado ( y no cualquiera que tenga el título de psiquiatra que de eso haberlos también háylos), dan su vida por ti, el resto es resto. Ni de hermanos, ni primos, ni familiares cercanos o lejanos puedes esperar fidelidad ni siquiera de tus propios hijos. Una fidelidad que respete el que seas como seas si ser como eres no es como ellos pretenden que seas y donde no entra en absoluto ninguna valoración sobre ellos y sólo importa la tuya, porque en la mayoría de casos el malo siempre es el otro “por esto, por eso y lo de más allá”. Muy pocas personas he conocido yo a lo largo de mi vida que sean honestas consigo mismas a la hora de valorar a otro si sus intereses no coinciden con lo que ella desea que sean. Resulta casi imposible encontrar a alguien capaz de valorar las circunstancias de otro más allá de sus propios intereses o formas de querer entender.
Sin duda la vida enseña, y frente a las vivencias, experiencias y los años, maduran tus realidades más intimas y personales. Madura tu formar de pensar, de entender, de analizar, de actuar… y aunque hay casos en los que la personalidad no tolera determinados aspectos de la sociedad por mucho que madure todo, también me parece cierto afirmar que nadie madura frente a su ego, a su vanidad… a ser más y mejor que el vecino. Bueno, quizá me excedo al decir nadie porque desde el momento en el que escribo el presente texto está claro que deseo concienciar sobre algo que a mi me importa un pimiento; el ego, la hipocresía y la vanidad. Digo nadie y debo reconocer que sí he conocido a muchas personas ciertamente bondadosas en toda su esencia humana. A muchas a lo largo de mi vida. Cierto es. Como cierto es que en su mayoría son todo lo contrario y sin importar lazos familiares o favores que hayas podido hacer antes, que cuando te la han de pegar te la pegan y el malo eres tu siempre ya que razones nunca faltan aunque se tengan que inventar, manipular o imaginar.
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Quién soy yo para esperar que nada mejore en beneficio del mundo si el final es irremediable y el mismo para todos, y donde nadie se llevará allí donde nos lleve la muerte nada de lo que haya acumulado en esta vida a parte de lo vivido incrustado en lo más profundo de su conciencia. Confío en que eso no produzca dolor porque más de uno creo que padecerá de lo lindo sin que entonces se tenga en cuenta si se ha sido como los demás querían que fueras porque ahí eso no tendrá ninguna importancia.  De la misma forma que toda tu fortuna, tu ego, tu vanidad e hipocresía.
Llegado a este punto, creo que yo sólo soy de mi niñez y se la dieron al país de las crisálidas viajeras, sobre pájaros en flor que no supieron de raíz ni de fronteras. Creo que soy ciudadano de una patria inadvertida que del camino y no la tierra soy granjero, que dando tumbos voy y vengo por la vida, y cada vez soy más extranjero. 
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